Renovación y simplicidad

Hace unos días, platicando con la hermana de MOmio, me comentó de algo que ella había leído respecto a una especie de ‘moda’ europea, donde jóvenes entre los 20 y 35 años han decidido ser “minimalistas” y no acumular pertenencias materiales, sino vivir con sólo lo necesario.

Me interesé y me puse a investigar por mi cuenta. Lo que encontré fue más interesante aún, porque no es sólo una ‘moda’ donde los jóvenes piensan en no acumular para tener menos que sacudir o poder mudarse más fácilmente. No! es todo un estilo de vida con el que los involucrados creen estar ayudando a la erradicación de la pobreza e incluso estar más cerca de la divinidad.

A continuación extraje algunos párrafos de un texto que leí, originalmente en inglés. Espero que mi traducción conserve la esencia de la idea:

¿Qué pasaría si todo el mundo viviera con sólo 100 cosas? Estas 100 cosas serían sus artículos personales, incluyendo su ropa, sus fuentes de entretenimiento y su método de transporte. Podría agrupar en una caja un conjunto de cosas que contarían como una sola, por ejemplo materiales de arte, la ropa interior como una sola, calcetines, pero sólo podría haber 100 cosas.

El Desafío de las 100 cosas ha inspirado a gente de todo el mundo para tratar de hacer exactamente eso y hacer un compromiso con una vida más sustentable y sin exceso de material. Muchas de estas personas se llaman a sí mismos minimalistas, como una manera de describir su estilo de vida. Eligen no comprar productos innecesarios y dedicar su dinero y tiempo extra a proyectos y causas de su elección.

Sin embargo, a pesar de que el minimalismo ha recibido la atención reciente de los medios, la idea no es nueva. A esta actitud minimalista, que se encuentra en oposición directa a las culturas de las naciones desarrolladas obsesionadas con el consumo, también se le puede llamar Simplicidad voluntaria, un término respetado e incluso venerado en casi todas las culturas del planeta. Debido a que es un valor que atraviesa las fronteras culturales y se pueden diseñar a nivel individual, la simplicidad voluntaria es una forma única de ayudar a la erradicación de la pobreza.

El concepto de la simplicidad voluntaria se puede entender como una creencia central de muchas naciones y religiones. Jesús dijo: "Es más difícil para un rico entrar en el cielo que un camello pase por el ojo de una aguja". Independientemente de si se cree en el dios cristiano o no, hay gran sabiduría para analizar en esa frase. Lo que Jesús quiso decir no era que los ricos no podían entrar en el cielo, sino que tendrían más dificultades para conseguir un lugar en un sitio al que se llega mediante las buenas acciones y no mediante el dinero.

Los ricos de las sociedades más ricas monetariamente históricamente han llevado una vida de excesos que han provocado su caída. Roma es siempre el primer ejemplo aquí porque tuvo sus excesos a tales extremos, su rectitud moral fue abolida por lo que su riqueza les permitía hacerlo. La idea es que los pobres no tienen bienes materiales de pie entre ellos y su dios, por lo que la simplicidad voluntaria es una forma de que incluso los ricos para acercarse su propia salud espiritual y moral.

Muhammad dijo, "la verdadera riqueza de un hombre aquí, después es el bien que hace en este mundo a su prójimo." Es bastante claro que hay puntos en común entre estas dos religiones supuestamente diferentes. Tan diferentes como las diversas religiones pueden pensar que son, todos ellos tienen un tema común de renunciar a sus posesiones, a fin de estar más cerca de la deidad. Además de esta comunidad, el bienestar de otros problemas sociales como la pobreza, el hambre y los problemas asociados con el cambio climático global son comunes a todas las naciones. Al centrarse en estos problemas comunes y el principio común, la unión, parece que puede ser una respuesta a varios de estos problemas dentro de minimalismo.

Gandhi habló de la batalla constante entre el "progreso económico" y "progreso moral." Creía firmemente los dos eran prácticamente incompatibles, sobre todo por el conjunto de ideales que el capitalismo sí tiene, pero también porque el exceso de materialismo no da lugar a una moral más de pie para la sociedad. Es decir, al aumentar la cantidad de bienes que uno tiene, uno no es necesariamente más feliz. De hecho, Gandhi sostuvo que este abrazo del materialismo sería una vez más la caída de una sociedad decadente, obtusa, porque no erradica el dolor de aquellos a los que ha marginado.

Sería una coincidencia notable para los líderes de tantas religiones y movimientos que, de forma no intencional todos están de acuerdo en un principio primario que es responsable de la otra vida.


El texto continúa, hablando de la necesidad de educar más que de dar. Algo así como enseñar a pecar y no dar el pescado. Y de cómo en una sociedad donde se está bombardeado con mensajes falsos de la felicidad que podemos lograr a través de la compra, la erradicación de la pobreza vendría a través de la inversión en educación y mediante bajar el nivel de “exigencia” material de un ser humano. Si los pobres optaron por ahorrar y gastar con cuidado en lugar de tratar de llenar un vacío

Toda la investigación sobre este tema me impactó mucho. De pronto sentí una gran necesidad de hacer “limpieza general”. Empezando por mí cuarto. Yo tiendo a ser como rata de desierto y acumulo y acumulo, todo. Cajas, envolturas, recaditos, tarjetas, recuerditos, etc. Y eso ha devengado en cajas y cajas de triques y en que mi cuarto esté más cerca de parecer una bodega que una recámara como me gustaría.

Comencé a hacer cuentas de lo que necesitaría gastar para construir un closet y así comenzar por poner en orden mi ropa. Visualicé también deshacerme de las cosas que ya no uso y hacer mi cuarto lo más minimalista posible. Luego del cuarto seguiría mi vida en general, por supuesto. El cuarto era sólo el principio. El símbolo de una depuración.

Y en esas estaba, haciendo planes, cuando el domingo pasado, mientras me arreglaba para salir con MOmio, vi mi semi-closet moverse. De reojo vi como el tubo que sostenía mi ropa se tambaleó. Al principio creí que estaba temblando y asustada miré algunas cosas que tengo colgadas, para comprobar que no se movieran. Y no. Luego volví a mirar hacia el closet y entonces alcancé a correr justo a tiempo para detener unas repisas y evitar que cayeran sobre mi televisión. El resto se desplomó.

De pronto estaba en mi cuarto, semivestida, deteniendo una repisa y con un caos a mí alrededor como si hubiera pasado un ciclón.

Parece que las cosas llegan cuando deben de llegar y no cuando uno las busca, verdad?

Tardé una semana en poder poner un poco de orden en tanto caos. Logré depurar mi closet al menos un poco. Tiré suficientes cosas como para sentirme más ligera y aún me faltan más por depurar. Y lo más importante es que extrañamente esta limpieza me hizo sentir más motivada y con ganas de purificar todo mi entorno y relaciones. El símbolo funcionó justamente como debería.

Tengo muchas ganas de una renovación. Muchas. Tengo muchas ganas de limpiar y poner orden. Tengo urgencia de cobrar mi quincena e invertirla en ese nuevo closet. Aunque se vaya completita. Y tengo ganas de que ya sean vacaciones para poder dedicarle todo el día a mi plan de remodelación.

Todos estos sentimientos son algo nuevo para mí. Había experimentado grandes depuraciones materiales pero normalmente como resultado de malestares emocionales y rupturas amorosas. Pero esto es nuevo. No es una limpieza necesaria o es más bien una renovación deseada.

No sé, creo que todo este rollo se me está convirtiendo en algo muy simbólico y creo que las cosas llegan cuando es su momento, o algo así.