sábado, 3 de noviembre de 2012

El karma y las lecciones deberían venir con etiqueta de explicación.

Cuando iba en el kinder, una vez tuve una semana de “maestra practicante”. Era una chica que estaba estudiando para educadora y tenía que cumplir horas de práctica en grupos reales.
 
La chica llevaba una bolsa de galletas de animalito para regalarnos me imagino que a los que nos portáramos bien. Antes de salir al recreo yo vi la bolsa y luego, ya no recuerdo cómo se me ocurrió pero si sé que organicé a un grupo de niños para comérnosla. 3 o 4 hombres y yo, entramos al salón durante el recreo, nos escondimos y nos comimos completa la bolsa de galletas. Al terminar el recreo, cuando el grupo regresó al salón, la practicante encontró la bolsa de galletas vacía y comenzó a llorar.  Yo tengo recuerdos vagos de la situación, no sé si ella adivinó quién había sido o si alguien confesó, sólo recuerdo que los inculpados estaban de pie y que “Oscarito” fue quien me delató a mi. Tengo la imagen mental; todo el grupo sentado en sus sillitas, la chica llorando, 2 o 3 niños de pie, entre ellos Oscarito, y él diciendo “si fuimos nosotros, pero la idea fue de Lilián” y su dedito acusador señalándome.
 
Veintidós o veintitrés años después, un día dejé a mi grupo solo mientras yo iba a atender una comisión de la dirección y cuando regresé, mi alumnita estrella ya había repartido entre sus compañeras una bolsa de bombones con chocolate que yo había llevado para dar como premios al final del día.
 
Ese día me frustré, le llamé la atención a la niña y le di la queja a su mamá para que me repusiera mi bolsa de chocolates –cosa que por cierto, no hizo-. Pero en realidad yo sabía que esa llamada de atención era sólo para que la niña entendiera que no debía andar tomando cosas que no eran suyas. Una lección por el bien de ella, pero… una lección para mi también.  La lección se llamaba karma.
 
En esa ocasión fue fácil de ver, pero ¿qué pasa cuando el karma no se paga de manera tan clara?
¿Cómo sé si el golpe que me di hoy por la mañana en el dedo chiquito del pie, fue por la vez que le hice bullying a una compañera en la secundaria? ¿O si mi hámster se murió por la vez en que le bajé un novio a alguien? ¿Y si me dio el ataque de colitis horrible no por lo que comí sino por el coraje y el mal que desee en un ataque de celos? No sé.
 
Uno sería más sabio y aprendería las lecciones si el karma viniera con etiqueta: “Lilián, te van a salir tumores en el hígado para que aprendas la lección y no hagas sufrir al chavo que estaba enamorado de ti. Aprenderás a no volver a jugar con los sentimientos de nadie. Atentamente; El Karma”
 
Así deberían ser todas las lecciones, con una etiqueta que incluyera la explicación.
 
Cuando mi abuelito murió, yo fantaseé con que había muerto como elección de su parte, ante una disyuntiva que el cosmos le había puesto. Algo así como que él había elegido morir para evitarnos algún mal en la familia, como a manera de mantener un equilibrio cósmico. También me hubiera gustado una etiqueta que dijera “El cosmos le dio a elegir a tu abuelito y él prefirió morirse él en lugar de que se enfermara gravemente tu abuelita”.
 
Y por último me gustaría una etiqueta que dijera “Lilián, el cosmos ha elegido que TAL FATALIDAD le ocurra a FULANITO DE TAL para que FULANITO aprenda tal lección o supere tal prueba, pero de paso, el cosmos quiere que te enteres y ESCARMIENTES EN CABEZA AJENA! De esa forma, la fatalidad tendrá un sentido mayor, y el cosmos no tendrá que aplicártela también a ti. Ahora, esta fue la primera llamada, aplícate y aprende la lección y aprueba el examen! O el cosmos tendrá que aplicarte a ti el examen extraordinario (que implica que sufras en carne propia esa o alguna otra fatalidad, que te lleve al deseado aprendizaje). Fin del comunicado cósmico.”
 
Pero como uno no posee esas etiquetas, ni esas explicaciones, no le queda más que ir por la vida sobreponiéndose a las fatalidades chiquitas y grandes, propias y ajenas. Y creo que lo mejor que puede hacer en todos los casos es tratar de sacar provecho con aprendizaje y sabiduría de todas ellas.

jueves, 25 de octubre de 2012

Alfonsina, el mar y el dolor

Un día como hoy, 25 de Octubre de 1938, Alfonsina Storni se suicidó en el Mar de Plata. Pensar en los suicidas me conmueve mucho. Me aflige pensar en el dolor tan grande o en la desesperanza que deben haber sentido.

Este mes, en que hay una gran campaña para la prevención y lucha contra el cáncer de mama, me pareció oportuno destacar que esta mujer murió por no poder padecer más los dolores de este tipo de cáncer.

Ahora un poema de ella:


Alma desnuda

Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
 
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
 
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
 
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
 
Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.
 
Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
 
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella
 
Alfonsina Storni
 
 
Y una canción para ella:

Alfonsina y el mar

Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve más
Un sendero solo de pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda
Un sendero solo, de penas mudas llegó
Hasta la espuma.

Sabe Dios qué angustia te acompañó
Qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada en el canto

De las caracolas marinas la canción que canta
En el fondo oscuro del mar
La caracola.

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar.

Cinco sirenitas te llevarán
Por caminos de algas y de coral
Y fosforescentes caballos marinos harán una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar pronto a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más
Déjame que duerma, nodriza, en paz
Y si llama él
No le digas que estoy
Dile que Alfonsina no vuelve
Y si llama él
No le digas nunca que estoy
Di que me he ido.

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma
y la está llevando

Y te vas hacia allá
Como en sueños
Dormida, Alfonsina
Vestida de mar.
 

jueves, 24 de mayo de 2012

Karma, justicia mágica y no hagas a otros...

Creo mucho en el karma. Tal vez no en el karma tal cual lo contempla en Budismo, pero sí creo en una especie de energía cósmica que tarde o temprano se equilibra. O al menos, quiero creerlo.

Me resisto a hacer cosas malas, más allá de, por no causar un daño a otro (lo cual, tal vez sería una motivación más loable) por no causarme un daño a mi misma en el futuro.

Cuando el papá de alguno de mis alumnitos me sacaba de quicio, yo me controlaba siempre y lo trataba con respeto y amabilidad, porque pensaba en que probablemente en ese momento (o en algún otro, es igual) mi primo, el papá de mis adorados sobrinitos, estaría sacando de quicio a la maestra de alguno de ellos. Y yo esperaría que ella fuera paciente con él.

Igual soy amable con los ancianos porque creo que hay un “algo” que promueve que así otros sean amables con mi abuelita. Y espero estar juntando alguna especie de bonos cósmicos para que si llego a anciana, también sean amables conmigo, etc.

También creo mucho en la empatía. Las faltas más simples o las mentiras más insignificantes, nos parecen intrascendentales cuando las cometemos nosotros, pero a veces resultan muy hirientes si nos las hicieran otros. “No vi tu llamada”, “Se me olvidó contarte”, “Te lo pago en cuanto me paguen” etc. Creo que si puedo evitarlo y actúo correctamente, el karma positivo toma nota y archiva para el futuro.

[Eso también tiene relación con una frase que leí en “Fallaste corazón” de Germán dehesa q.e.p.d. y que me gusta mucho “Dios perdona siempre, los padres casi siempre, los amigos con frecuencia, las parejas rara vez y el cuerpo nunca”. Trato de no maltratar mucho mi cuerpo porque, como decía mi maestra Julieta, el cuerpo toma nota y archiva y luego, pasa todas las facturas juntas. Por eso, soy cuidadosa con mi cuerpo, para que luego no tenga mucho que cobrarme]

En fin. Supongo que un poco de este estilo de pensamiento se debe a la influencia de los cuentos de Disney y las telenovelas de Televisa. Donde el malo siempre recibe su merecido y el bien triunfa felizmente. Y en la realidad sabemos que no es así.

La falta de esa “justicia” me desespera a veces. Quisiera poder tener una forma de encarar a las personas y demostrarles que sus malas acciones o sus malas actitudes tienen consecuencias.

¿Te acuerdas que no quisiste ser mi amigo? Y resulta que ahora tengo el mejor contacto que te podría dar justamente ese empleo que tanto deseas.
¿Te acuerdas que no quisiste trabajar en equipo conmigo? Y resulta que gané el Primer lugar en el congreso nacional.

Y también me gustaría que la bola mágica me permitiera mostrarle el futuro a esas personas que en este momento tienen poca fe en lo que estoy haciendo (aquellas personas de las que me importa su opinión, por supuesto) y poder decirles “aguas, porque no estás confiando en mí, no me estás apoyando y mira! En el futuro me va a ir muy bien, esta investigación va a ser un éxito y tu vas a desear haberme apoyado más”.

También me gustaría mostrarles a los que les va a ir mal, que no deben ser tan ufanos y soberbios en este momento, porque no saben cuánto tiempo más la fortuna esté de su lado, o en qué momento van a necesitar el apoyo de otros.

Por ahí leí que “un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse”. Y que nunca sabes si en el futuro tú serás ese mismo anodino, solo, pobre, discapacitado o triste al que hoy descalificas.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Adiós Luis!

Creo que iba en 3er semestre de la carrera cuando tuve la suerte de que me tocara Luis Estrevel como maestro. Probablemente haya sido de las materias más difíciles de aprobar, pero sobre todo estoy segura de que fue de las materias más difíciles de entender.

Luis hablaba de temas tan complejos que era difícil llevarle el paso. Nombraba autores de psicología al mismo tiempo que hacía alusión a obras de arte de la época o al cine o costumbres de otras culturas. Uno se la pasaba haciendo notas al margen de los textos con palabras que habría luego que consultar en el diccionario.

Las tutorías eran más enriquecedoras aún. La clase se dividía en 8 periodos de 15min, en los que debíamos entregarle las notas de observación. La clase estaba agendada de 7am a 9am y eso significaba que comenzaba a las 7 en punto. En toda la carrera sólo tuve 2 maestros que verdaderamente daban clase a esa hora. Los 2 mejores que tuve, debo decir.

Para mi mala suerte me tocó justo el turno de las 7am, así que los viernes eran días de madrugar para llegar a tiempo, pues a las 7:05 ya no te recibía. Revisaba mis notas en 5min. Y pasábamos el resto del tiempo platicando de todo. Luis era un excelente conversador. Me recomendó las mejores operas, los mejores pintores, los mejores paseos por la ciudad de México, las mejores artesanías, los mejores análisis de las obras las hice en su clase. El mejor cine!

Aprendí mucho de psicología en su clase. De autores y de conceptos. Pero tal vez eso está de más porque finalmente ese era el objetivo del curso. Eso es lo que le tocaba enseñar a un buen maestro. Lo mejor es todo lo que aprendí con él de todos los demás temas!

Luis, como pocos profesores, no estaba interesado en los títulos ni en las jerarquías. Pedía que todos los llamáramos simplemente Luis (que no Benjamín, porque su segundo nombre no le gustaba). Luego de unas sesiones uno ya conocía también su vida y era fácil considerarse su amigo. Y estimarlo.

No tan fácil sería hacer una lista de cosas que aprendí con él. Lo que tengo claro es que con frecuencia me encuentro en mi práctica profesional o en la vida diaria, con situaciones que me recuerdan algo que él me enseñó.

Si yo tuviera que elegir 3 maestros de los que más aprendí en mi paso por la facultad, Luis Estrevel definitivamente seria uno.

Yo salí de la carrera hace ya casi 6 años, y no sé cuándo fue la última vez que saludé a Luis. Probablemente hace un año. Pero antes de esa última vez, recuerdo otra, cuando fui a la facultad a buscar a uno de mis maestros y pasé a buscarlo a su cubículo. Me lo encontré llegando y platicamos un poco de las novedades. Le conté que acababa de ganar el premio en el congreso nacional y él dijo “Felicidades! ¿Qué sigue?” me pareció tan significativo… así era él. Los honores no eran tan importantes como los logros, y más allá de los logros, las metas, los retos. Cero mediocre.

Ayer por casualidad, vi en Facebook un status de una ex compañera de trabajo en el kínder. Era una despedida a un GRAN MAESTRO y como somos egresadas de la misma facultad pregunté quién murió. Luis.

Mi primera reacción fue llamarle a un amigo en común para confirmar la noticia, porque no lo podía creer. Luego usar la red para buscar datos. Rápidamente di con el velatorio y llamé pero ya no daba tiempo de llegar, ya estaban saliendo al crematorio.

Y entonces lo único que resta es esperar algún tipo de ceremonia en la facultad para poder ir a rendirle tributo. Ojalá se pudiera hacer algo más. Ojalá Luis se haya ido sabiendo la gran huella que dejó en quienes lo conocimos.

Cuando le dí la noticia a una amiga me dijo “Por él yo aprendí a hacer observación!”. Más tarde seguí buscando y en twitter encontré a algunos de sus alumnos rindiéndole honores con el hastag #LoAprendiDeEstrevel con frases entrecomilladas:

"En la medida en que le damos un orden al mundo, podemos construirlo, manejarlo y actuar en él"
"La diferencia siempre es un reto a mi identidad, el otro hace relativo lo que somos"
"Mi identidad es tan débil, que debo eliminar la diferencia para no sentirme tan relativo"
"Lo importante no es pensar al mundo, sino transformarlo a través de lo que hacemos"
"El niño sólo sabe vivir su infancia, conocerla es asunto del adulto"
"Yo también puedo funcionar como el otro, cuando hablo conmigo mismo"
"El medio sociocultural no nos orienta, pero nos limita"
"El kosmos (orden) requiere del kaos para continuar"
"Pese a lo que nos pese, nos construimos a partir del otro"
"La poiesis sólo existe cuando entra en acción con otra poiesis, dado que no podemos negar la capacidad creativa de los otros"
"Nada es social si no está instituido"
"Los niños no juegan, aprenden"

Me gustó esa reacción. Me gustó que su huella sea tal que la gente lo recuerde a través de lo que aprendieron de él. Como una manera de agradecimiento. Y también me gusta que aunque su muerte nos causó conmoción y tristeza, por ahí leí que no fui la única que pensó en que Luis está mejor en donde esté porque por fin pudo reencontrarse con su gran amor, de quien todos los días lloraba su muerte. Qué bueno que por fin se reencontraron y ojalá allá donde estén sean otra vez muy felices!

Me gusta la frase de Benjamín Franklin: “Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido, escribe cosas dignas de leerse, o haz cosas dignas de escribirse”. Bueno, creo que Luis puede estar seguro de que el olvido es algo que no le pasará a él.

DEP Luis Benjamín Estrevel Rivera! Fue un honor haberte conocido.

viernes, 24 de febrero de 2012

De qué otras cosas nos estaremos perdiendo?

Un hombre se sentó en una estación de metro en Washington DC y comenzó a tocar el violín, era una fría mañana de enero. Interpretó seis piezas de Bach durante unos 45 minutos. Durante ese tiempo, ya que era hora pico, se calcula que 1.100 personas pasaron por la estación, la mayoría de ellos en su camino al trabajo.

Tres minutos pasaron, y un hombre de mediana edad de dio cuenta de que había un músico tocando. Disminuyó el paso y se detuvo por unos segundos, y luego se apresuró a cumplir con su horario.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primer dólar de propina: una mujer arrojó el dinero en la caja y sin parar, y siguió caminando.

Unos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escucharlo, pero el hombre miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Es evidente que se le hizo tarde para el trabajo.

El que puso mayor atención fue un niño de 3 años. Su madre le apresuró, pero el chico se detuvo a mirar al violinista. Por último, la madre le empuja duro, y el niño siguió caminando, volviendo la cabeza todo el tiempo. Esta acción fue repetida por varios otros niños. Todos sus padres, sin excepción, los forzaron a seguir adelante.

En los 45 minutos que el músico tocó, sólo 6 personas se detuvieron y permanecieron por un tiempo. Alrededor del 20 le dieron dinero, pero siguió caminando a su ritmo normal. Se recaudó $ 32. Cuando terminó de tocar y el silencio se hizo cargo, nadie se dio cuenta. Nadie aplaudió, ni hubo ningún reconocimiento.

Nadie lo sabía, pero el violinista era Joshua Bell, uno de los músicos más talentosos del mundo. Él había interpretado sólo una de las piezas más complejas jamás escritas, en un violín por valor de 3,5 millones de dólares.

Dos días antes de su forma de tocar en el metro, Joshua Bell agotó en un teatro en Boston, donde los asientos tuvieron un promedio de $ 100.

Esta es una historia real. Joshua Bell tocando incógnito en la estación de metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de la gente. Las líneas generales fueron los siguientes: en un entorno común a una hora inapropiada: ¿Percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las posibles conclusiones de esta experiencia podrían ser:

Si no tenemos un momento para detenerse y escuchar a uno de los mejores músicos del mundo tocando la mejor música jamás escrita, ¿cuántas otras cosas nos estamos perdiendo?

Por: Josh Nonnenmocher

jueves, 9 de febrero de 2012

La laguna de las sirenas

(Wendy) iba con frecuencia a la laguna en los días soleados después de llover, cuando las sirenas emergen en enormes cantidades para jugar con burbujas. Emplean como pelotas las burbujas multicolores hechas con agua del arco iris, pasándoselas alegremente las unas a las otras con la cola y tratando de mantenerlas en el arco iris hasta que estallan. Las porterías están a cada extremo del arco iris y a las porteras sólo se les permite usar las manos. A veces hay cientos de sirenas jugando en la laguna a la vez y es un espectáculo muy bonito.

Ah me encanta Peter Pan!

No estoy segura cuál fue el primer libro que leí. Ojalá hubiera puesto más atención en recordarlo! El más antiguo que recuerdo es “Mujercitas” de Louisa May Alcott. Tendría como 5 años. Y desde entonces me hice la idea de que cuando tuviera una niña la llamaría Josephine.

Tener el gusto por la lectura me ayudó mucho cuando pasé tanto tiempo hospitalizada. Y cuando regresé a la escuela, para ponerme al corriente.

En mis grupos, siempre he intentado fomentar en los niños ese gusto también. Siempre buscaba contarles historias con moraleja, con valores, o que tuvieran descripciones que despertaran su imaginación.

¿No es genial cómo un solo párrafo puede hacernos imaginar toda una escena bella y feliz?

lunes, 30 de enero de 2012

La princesa está triste...

S O N A T I N A

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa, acaso, en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte,
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe,
(la princesa está pálida, la princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

«Calla, calla, princesa» dice el hada madrina;
«en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con un beso de amor».

Rubén Darío

lunes, 16 de enero de 2012

Otro año nuevo

Un año más se ha cumplido mi superstición personal. Una vez más, por mera coincidencia; el 17 de Enero es un punto y aparte . A partir de mañana ( o debo decir de hoy por la tarde?) ya no soy Miss.

En estos momentos tengo una revoltura de emociones. No quería... pero yo lo decidí… pero no fue como yo quería… pero ya ni modo.

Me siento un poco frustrada por el trabajo inconcluso y al mismo tiempo sè – como me lo dijo una de mis compañeras- que fue la mejor decisión. Tengo una sensación que no se cómo se llame, de que yo podía dar más, de que las niñas podían dar más, pero de que no nos dejaron y que nadie quiso.
Ahora, a dedicarme a nuevos proyectos, a retomar pendientes importantísimos que había ido postergando, a extrañar a mis niñas y a seguir.

Como todo momento agridulce en la vida, este tiene sus enseñanzas. La más importante hasta ahora, es que me hizo evidente a mis soportes. Una vez más, cuando necesito un abrazo, me doy cuenta de que no tengo ni que pedirlo. Y eso, esas personas, son una gran bendición.