El dinero sólo sirve para 4 cosas

El domingo escuché una frase en un programa de tv religioso, que me gustó:

El dinero sólo SIRVE para 4 cosas; comprar, invertir, ahorrar y donar.

Si no estás haciendo una de esas 4 cosas, no estás usando bien el dinero. Si sólo estás gastando sin obtener ningún bien a cambio, eso no es comprar.

Yo tengo un conflicto económico en este momento. ¿Debo gastar? Esto por lo que estoy a punto de pagar ¿será una buena decisión? Yo quiero, si quiero! Pero me preocupa estarme dejando llevar por lo que quiero y no prever las consecuencias ¿no debería mejor ahorrar? ¿invertir? o donar?

Infelices por elección?


Cuando me acercaba al final de mi carrera y tenía que ir decidiendo a que área quería dedicarme, decidí que quería ser psicóloga en el área de la salud porque consideré que era un área donde las personas verdaderamente necesitaban mi apoyo. En aquel momento yo consideraba que las personas que iban a consulta en el área clínica tenían problemas “light”, el tipo de cosas que uno humanamente puede resolver. Divorcios, depresiones, problemas de pareja, estrés… cosas con las que la humanidad ha lidiado por años y que son consecuencia de nuestros propios errores, nuestra mala toma de decisiones, etc. Cosas que –pensaba yo- se resuelven hablando con la mejor amiga, con el sacerdote, con el cantinero, etc. Claro que se resolverían más efectivamente con la ayuda de un psicólogo, pero de no intervenir, no pasaba nada.

Por eso decidí trabajar en hospitales. Con niños, sobre todo. Consideraba que los problemas de ellos eran “verdaderos problemas”. Personas que tienen que lidiar con algo que no buscaron, que no provocaron, que probablemente no entienden y ante lo que además tienen poco o nada que hacer.

Trabajé 3 años en el área de la salud. Es agotador. Es muy, muy reconfortante, pero también es muy agotador. Creo que nunca di una alta. En ese ambiente la terapia concluye porque el paciente muere o en el mejor de los casos se va a su casa por el alta médica, independientemente de que tenga solucionada o no, la situación emocional. Con frecuencia me sentía más ayudándolos a bien-morir que ayudándolos a bien-vivir.

Y a pesar de todo, extraño ese trabajo.

Y ahora me dedico a la clínica. Y también me gusta. Tenía subestimada el área de oportunidad de esa área. En cantidad he tenido menos pacientes en los 2 años trabajando en consultorio que cuando atendía pacientes hospitalizados, pero he dado muchísimas altas! He podido sentir que verdaderamente hice el cambio en la vida de alguien (Y cuando digo ‘hice el cambio’, lo digo sólo por presumida, porque sé que sólo soy el factor de apoyo, el verdadero cambio lo hacen ellos y de ellos depende el éxito de la terapia).

Me gusta el área clínica y me gusta cuando puedo mostrarle a alguien que sus problemas tienen solución o que ni son para tanto, que sólo están viendo el vaso medio vacío, que están abrazando el árbol, que son como los ciegos que tocaron el elefante, etc. En fin una de esas muchas analogías que utilizo al dar terapia porque así hablo yo.

Lo que si debo confesar, sigo sin entender y sin saber manejar, es la gente que ni siquiera tiene problemas. La gente que insiste en ver el vaso medio vacío a pesar de tener una jarra rebosante. La gente que de alguna manera prefiere tener pretextos para sentirse miserable. La gente que podría estar disfrutando de lo bueno que tienen ahora porque no saben si siempre lo tendrán. La gente que da por hecho lo que tiene. La gente que no aprovecha, que no disfruta, que no exprime lo que tiene! La gente que insiste en ser tóxica y lastimar a quienes los rodean y los quieren ver felices.

La gente que tiene gente que la ama y no se dejan amar, a esos sí que no los entiendo. (Ahí me sale lo asesina psicópata y los veo como donadores.potenciales.de.órganos.desaprovechados) Y trabajar con ellos es incluso más agotador que los hospitalizados y mucho menos gratificante. Pareciera que están cómodos en una zona de tormentos auto infligidos y tormentas auto inventadas, y que no importa que el resto del mundo los invite a dar el salto al lado bonito, ellos prefieren estar ahí. Tienen motivos para estar bien pero ellos prefieren, eligen, tener pretextos para estar mal. Y yo, no entiendo por qué.

Renovación y simplicidad

Hace unos días, platicando con la hermana de MOmio, me comentó de algo que ella había leído respecto a una especie de ‘moda’ europea, donde jóvenes entre los 20 y 35 años han decidido ser “minimalistas” y no acumular pertenencias materiales, sino vivir con sólo lo necesario.

Me interesé y me puse a investigar por mi cuenta. Lo que encontré fue más interesante aún, porque no es sólo una ‘moda’ donde los jóvenes piensan en no acumular para tener menos que sacudir o poder mudarse más fácilmente. No! es todo un estilo de vida con el que los involucrados creen estar ayudando a la erradicación de la pobreza e incluso estar más cerca de la divinidad.

A continuación extraje algunos párrafos de un texto que leí, originalmente en inglés. Espero que mi traducción conserve la esencia de la idea:

¿Qué pasaría si todo el mundo viviera con sólo 100 cosas? Estas 100 cosas serían sus artículos personales, incluyendo su ropa, sus fuentes de entretenimiento y su método de transporte. Podría agrupar en una caja un conjunto de cosas que contarían como una sola, por ejemplo materiales de arte, la ropa interior como una sola, calcetines, pero sólo podría haber 100 cosas.

El Desafío de las 100 cosas ha inspirado a gente de todo el mundo para tratar de hacer exactamente eso y hacer un compromiso con una vida más sustentable y sin exceso de material. Muchas de estas personas se llaman a sí mismos minimalistas, como una manera de describir su estilo de vida. Eligen no comprar productos innecesarios y dedicar su dinero y tiempo extra a proyectos y causas de su elección.

Sin embargo, a pesar de que el minimalismo ha recibido la atención reciente de los medios, la idea no es nueva. A esta actitud minimalista, que se encuentra en oposición directa a las culturas de las naciones desarrolladas obsesionadas con el consumo, también se le puede llamar Simplicidad voluntaria, un término respetado e incluso venerado en casi todas las culturas del planeta. Debido a que es un valor que atraviesa las fronteras culturales y se pueden diseñar a nivel individual, la simplicidad voluntaria es una forma única de ayudar a la erradicación de la pobreza.

El concepto de la simplicidad voluntaria se puede entender como una creencia central de muchas naciones y religiones. Jesús dijo: "Es más difícil para un rico entrar en el cielo que un camello pase por el ojo de una aguja". Independientemente de si se cree en el dios cristiano o no, hay gran sabiduría para analizar en esa frase. Lo que Jesús quiso decir no era que los ricos no podían entrar en el cielo, sino que tendrían más dificultades para conseguir un lugar en un sitio al que se llega mediante las buenas acciones y no mediante el dinero.

Los ricos de las sociedades más ricas monetariamente históricamente han llevado una vida de excesos que han provocado su caída. Roma es siempre el primer ejemplo aquí porque tuvo sus excesos a tales extremos, su rectitud moral fue abolida por lo que su riqueza les permitía hacerlo. La idea es que los pobres no tienen bienes materiales de pie entre ellos y su dios, por lo que la simplicidad voluntaria es una forma de que incluso los ricos para acercarse su propia salud espiritual y moral.

Muhammad dijo, "la verdadera riqueza de un hombre aquí, después es el bien que hace en este mundo a su prójimo." Es bastante claro que hay puntos en común entre estas dos religiones supuestamente diferentes. Tan diferentes como las diversas religiones pueden pensar que son, todos ellos tienen un tema común de renunciar a sus posesiones, a fin de estar más cerca de la deidad. Además de esta comunidad, el bienestar de otros problemas sociales como la pobreza, el hambre y los problemas asociados con el cambio climático global son comunes a todas las naciones. Al centrarse en estos problemas comunes y el principio común, la unión, parece que puede ser una respuesta a varios de estos problemas dentro de minimalismo.

Gandhi habló de la batalla constante entre el "progreso económico" y "progreso moral." Creía firmemente los dos eran prácticamente incompatibles, sobre todo por el conjunto de ideales que el capitalismo sí tiene, pero también porque el exceso de materialismo no da lugar a una moral más de pie para la sociedad. Es decir, al aumentar la cantidad de bienes que uno tiene, uno no es necesariamente más feliz. De hecho, Gandhi sostuvo que este abrazo del materialismo sería una vez más la caída de una sociedad decadente, obtusa, porque no erradica el dolor de aquellos a los que ha marginado.

Sería una coincidencia notable para los líderes de tantas religiones y movimientos que, de forma no intencional todos están de acuerdo en un principio primario que es responsable de la otra vida.


El texto continúa, hablando de la necesidad de educar más que de dar. Algo así como enseñar a pecar y no dar el pescado. Y de cómo en una sociedad donde se está bombardeado con mensajes falsos de la felicidad que podemos lograr a través de la compra, la erradicación de la pobreza vendría a través de la inversión en educación y mediante bajar el nivel de “exigencia” material de un ser humano. Si los pobres optaron por ahorrar y gastar con cuidado en lugar de tratar de llenar un vacío

Toda la investigación sobre este tema me impactó mucho. De pronto sentí una gran necesidad de hacer “limpieza general”. Empezando por mí cuarto. Yo tiendo a ser como rata de desierto y acumulo y acumulo, todo. Cajas, envolturas, recaditos, tarjetas, recuerditos, etc. Y eso ha devengado en cajas y cajas de triques y en que mi cuarto esté más cerca de parecer una bodega que una recámara como me gustaría.

Comencé a hacer cuentas de lo que necesitaría gastar para construir un closet y así comenzar por poner en orden mi ropa. Visualicé también deshacerme de las cosas que ya no uso y hacer mi cuarto lo más minimalista posible. Luego del cuarto seguiría mi vida en general, por supuesto. El cuarto era sólo el principio. El símbolo de una depuración.

Y en esas estaba, haciendo planes, cuando el domingo pasado, mientras me arreglaba para salir con MOmio, vi mi semi-closet moverse. De reojo vi como el tubo que sostenía mi ropa se tambaleó. Al principio creí que estaba temblando y asustada miré algunas cosas que tengo colgadas, para comprobar que no se movieran. Y no. Luego volví a mirar hacia el closet y entonces alcancé a correr justo a tiempo para detener unas repisas y evitar que cayeran sobre mi televisión. El resto se desplomó.

De pronto estaba en mi cuarto, semivestida, deteniendo una repisa y con un caos a mí alrededor como si hubiera pasado un ciclón.

Parece que las cosas llegan cuando deben de llegar y no cuando uno las busca, verdad?

Tardé una semana en poder poner un poco de orden en tanto caos. Logré depurar mi closet al menos un poco. Tiré suficientes cosas como para sentirme más ligera y aún me faltan más por depurar. Y lo más importante es que extrañamente esta limpieza me hizo sentir más motivada y con ganas de purificar todo mi entorno y relaciones. El símbolo funcionó justamente como debería.

Tengo muchas ganas de una renovación. Muchas. Tengo muchas ganas de limpiar y poner orden. Tengo urgencia de cobrar mi quincena e invertirla en ese nuevo closet. Aunque se vaya completita. Y tengo ganas de que ya sean vacaciones para poder dedicarle todo el día a mi plan de remodelación.

Todos estos sentimientos son algo nuevo para mí. Había experimentado grandes depuraciones materiales pero normalmente como resultado de malestares emocionales y rupturas amorosas. Pero esto es nuevo. No es una limpieza necesaria o es más bien una renovación deseada.

No sé, creo que todo este rollo se me está convirtiendo en algo muy simbólico y creo que las cosas llegan cuando es su momento, o algo así.

¿Estoy haciendo bien las cosas?

En el post anterior hablaba de cómo pensar que alguien me quiere me hace afrontar las dificultades con más fuerza. Esta semana descubrí además otro punto de fortaleza.

La semana pasada fue una semana complicada en el trabajo. La dueña del kínder tuvo la ocurrencia de pretender “rifar” el aseo de los baños entra las maestras y asignarnos labores de limpieza. Yo me negué a participar y ella se alteró, me gritó frente a mi grupo y a las demás maestras y me dijo “La traigo contra ti”. El ambiente de trabajo cada vez es más complicado. No sólo no me pagan a tiempo, sino que ahora trabajo ‘bajo amenaza’! No me ha pagado el aguinaldo. No tengo contrato ni seguro social ni ninguna prestación. Soy la responsable de los niños y me preocupa que algún accidente les ocurra porque me va a responsabilizar a mi y yo con que respondo! Nos retiró todo el material que los niños llevaron al inicio del año y no nos quiere dar ni un lápiz más ¿qué hizo con tantos útiles? no tengo ni idea!

En fin. Ante tantos problemas e incomodidades, he perdido un poco el ánimo por el trabajo. Dentro del salón todo está bien, es como trabajar en Toy story! Los niños son bellos y me enorgullezco de sus avances. Tienen 4 años y ya están aprendiendo a leer! Son muy ocurrentes y cariñosos y nos llevamos muy bien todos. Pero de la puerta del salón para afuera… cuando no son problemas con la dueña, son groserías por parte de la que se supone que es mi supervisora, o exigencias de parte de los papás que, honestamente, a veces pecan de exigentes.

Algunas personas me sugieren que renuncie, pero ¿es lo mejor?. Todos los días me cuestiono al respecto.

Y el viernes que estaba yo sentada viendo mi grupo y cuestionándome ¿Estoy haciendo bien las cosas? Mi alumnito estrella se levantó y espontáneamente fue a su mochila, sacó algo y me lo vino a poner sobre el escritorio. Dijo “Te quiero muchisisísimo Miss”.
He ahí la respuesta a mi pregunta.

¿Qué será para ti mi nombre?

¿Qué será para ti mi nombre?
va a morir como el rumor triste
de una ola que golpeó contra la orilla lejana,
como un son nocturno dentro del bosque perdido.

En una hoja del recuerdo
dejará su huella muerta,
semejante al dibujo de una inscripción sepulcral
en un idioma ignorado.

¿Qué será mi nombre?
Olvidado por mucho tiempo
entre las emociones nuevas y rebeldes,
no dará a tu alma sus memorias, puras, tiernas.

Pero en un día de tristeza, en el silencio,
pronúncialo, ansiosa y di:
hay quien me recuerda dulcemente,
hay en el universo un alma donde vivo.


Alexandr Serguéievich Pushkin (ruso 1799-1837)

Estaba en la preparatoria cuando leí por primera vez el poema ¿Qué será para ti mi nombre? de Pushkin y me fascinó. Yo, que soy tan dada a obtener motivación personal a través de los otros, me encantó la idea de “hay en el universo un alma en donde vivo”.

Siempre que estoy en una mala situación, siempre que me siento triste o desmotivada, siempre que ocurre algo que me hace bajar el ánimo o me siento humillada o menospreciada por alguien, pienso “No importa, hay en el universo un alma donde vivo. Un “alguien” que sí me conoce en verdad y sabe lo que siento, lo que pienso y quién soy en verdad. Un “alguien” que metería las manos al fuego por mi. Un “alguien” a quien no necesito darle explicaciones, porque entiende o porque no las necesita, porque no va a juzgarme.

Siempre he deseado ese alguien que diga “Estás equivocada, estás loca, estás haciendo berrinche, pero te quiero y cuentas conmigo”. Pensar que existe ese alguien es lo que me da fuerzas.

Yo se perfectamente que sustentar mi estabilidad emocional o mi ánimo en el apoyo que otros puedan darme, puede resultar un error. Sin embargo es algo que no consigo dejar de necesitar.

Y como a mi me ha funcionado, también procuro serlo para quienes quiero. Es por ello que me duele mucho cuando terceras personas hacen sentir mal a alguien que yo quiero, cuando quieren verle la cara o peor aún, cuando quieren causar inestabilidad chantajeando con “dejar de querer”.

Una vez leí que “Amistad que termina nunca fue amistad” y también lo creo. Los sentimientos verdaderos no terminan. Uno no debería vivir con el temor de que alguien te deje de querer por ser quien eres.

Y en estos días han pasado cosas que me han hecho pensar mucho en todo ello y también en el temor a los momentos difíciles. Uno tampoco debería tenerle miedo a las crisis. Esta bien, la va uno a pasar mal pero ¿y si de eso se trata?

Yo a veces tengo pensamientos muy mágicos y supersticiosos. Me imagino que antes de nacer un dios nos permitió ver nuestra vida en perspectiva y luego nos pidió que NOSOTROS eligiéramos aquella que sería la peor prueba que podríamos tolerar y sería a través de esa prueba que nosotros demostraríamos de qué somos capaces o si nos merecemos las bendiciones.

En mi caso por ejemplo, seguro elegí perder la pierna (y quien sabe que más me falte por pasar). Otros habrán elegido ser abandonados por sus padres. O a lo mejor eligen vivir en una familia con muchos conflictos. O no se…

Entonces uno no debería temerle a las crisis, sino prepararse para ellas e incluso estar algo entusiasmado de tener la oportunidad de demostrar quien se es, no?

O qué? Esperábamos una vida tranquila y sin problemas? Qué clase de mediocres de vida seríamos? Uno viene aquí no a sufrir sino a ser feliz, estoy de acuerdo, pero ¿no es justo que se nos pruebe para que demostremos que somos merecedores de tal felicidad? Yo así lo veo y estoy conforme.

En conclusión, creo que no debo temerle a las crisis aunque no me gusten, porque se que son inevitables, porque creo que debo afrontarlas y superarlas y porque espero que cuando lleguen yo tenga un soporte emocional que me permita enfrentarme a todo pensando “No importa, porque tengo quien me quiera. Hay en el mundo un alma en donde vivo”. Y claro, si has logrado tener en el mundo un alma en donde vives, de algún modo has triunfado en una de las más importantes batallas, no?