El karma y las lecciones deberían venir con etiqueta de explicación.

Cuando iba en el kinder, una vez tuve una semana de “maestra practicante”. Era una chica que estaba estudiando para educadora y tenía que cumplir horas de práctica en grupos reales.
 
La chica llevaba una bolsa de galletas de animalito para regalarnos me imagino que a los que nos portáramos bien. Antes de salir al recreo yo vi la bolsa y luego, ya no recuerdo cómo se me ocurrió pero si sé que organicé a un grupo de niños para comérnosla. 3 o 4 hombres y yo, entramos al salón durante el recreo, nos escondimos y nos comimos completa la bolsa de galletas. Al terminar el recreo, cuando el grupo regresó al salón, la practicante encontró la bolsa de galletas vacía y comenzó a llorar.  Yo tengo recuerdos vagos de la situación, no sé si ella adivinó quién había sido o si alguien confesó, sólo recuerdo que los inculpados estaban de pie y que “Oscarito” fue quien me delató a mi. Tengo la imagen mental; todo el grupo sentado en sus sillitas, la chica llorando, 2 o 3 niños de pie, entre ellos Oscarito, y él diciendo “si fuimos nosotros, pero la idea fue de Lilián” y su dedito acusador señalándome.
 
Veintidós o veintitrés años después, un día dejé a mi grupo solo mientras yo iba a atender una comisión de la dirección y cuando regresé, mi alumnita estrella ya había repartido entre sus compañeras una bolsa de bombones con chocolate que yo había llevado para dar como premios al final del día.
 
Ese día me frustré, le llamé la atención a la niña y le di la queja a su mamá para que me repusiera mi bolsa de chocolates –cosa que por cierto, no hizo-. Pero en realidad yo sabía que esa llamada de atención era sólo para que la niña entendiera que no debía andar tomando cosas que no eran suyas. Una lección por el bien de ella, pero… una lección para mi también.  La lección se llamaba karma.
 
En esa ocasión fue fácil de ver, pero ¿qué pasa cuando el karma no se paga de manera tan clara?
¿Cómo sé si el golpe que me di hoy por la mañana en el dedo chiquito del pie, fue por la vez que le hice bullying a una compañera en la secundaria? ¿O si mi hámster se murió por la vez en que le bajé un novio a alguien? ¿Y si me dio el ataque de colitis horrible no por lo que comí sino por el coraje y el mal que desee en un ataque de celos? No sé.
 
Uno sería más sabio y aprendería las lecciones si el karma viniera con etiqueta: “Lilián, te van a salir tumores en el hígado para que aprendas la lección y no hagas sufrir al chavo que estaba enamorado de ti. Aprenderás a no volver a jugar con los sentimientos de nadie. Atentamente; El Karma”
 
Así deberían ser todas las lecciones, con una etiqueta que incluyera la explicación.
 
Cuando mi abuelito murió, yo fantaseé con que había muerto como elección de su parte, ante una disyuntiva que el cosmos le había puesto. Algo así como que él había elegido morir para evitarnos algún mal en la familia, como a manera de mantener un equilibrio cósmico. También me hubiera gustado una etiqueta que dijera “El cosmos le dio a elegir a tu abuelito y él prefirió morirse él en lugar de que se enfermara gravemente tu abuelita”.
 
Y por último me gustaría una etiqueta que dijera “Lilián, el cosmos ha elegido que TAL FATALIDAD le ocurra a FULANITO DE TAL para que FULANITO aprenda tal lección o supere tal prueba, pero de paso, el cosmos quiere que te enteres y ESCARMIENTES EN CABEZA AJENA! De esa forma, la fatalidad tendrá un sentido mayor, y el cosmos no tendrá que aplicártela también a ti. Ahora, esta fue la primera llamada, aplícate y aprende la lección y aprueba el examen! O el cosmos tendrá que aplicarte a ti el examen extraordinario (que implica que sufras en carne propia esa o alguna otra fatalidad, que te lleve al deseado aprendizaje). Fin del comunicado cósmico.”
 
Pero como uno no posee esas etiquetas, ni esas explicaciones, no le queda más que ir por la vida sobreponiéndose a las fatalidades chiquitas y grandes, propias y ajenas. Y creo que lo mejor que puede hacer en todos los casos es tratar de sacar provecho con aprendizaje y sabiduría de todas ellas.

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