martes 16 de agosto de 2011

Espacio propio, le llaman

Y pedí “Señor, ensancha mi territorio. Dame la oportunidad de tener un consultorio propio desde donde pueda ayudar mejor a las personas”. Y el señor me concedió la bendición que yo pedía.

Me dio el consultorio y me mostró dónde hacía falta la ayuda.

A veces, el área de oportunidad donde hacemos falta no es donde imaginábamos. Hay que estar atentos y sobre todo, hay que responder al llamado.



Hoy estrené consultorio! Por fin pudimos regresar a las instalaciones de la antigua clínica. La tuvimos que dejar hace 10 meses por cuestiones administrativas, de permisos etc. Y también porque quien dirigía el equipo de trabajo, se casó y se fue a vivir a provincia lo que provocó que nos quedáramos sin director y eventualmente nos desintegráramos. La nutrióloga, la optometrista, el fisioterapeuta y el laboratorista, tomaron cada quien su rumbo. Sólo quedamos el médico y yo, con quien me fui a trabajar a su oficina.


Hoy por fin volvimos a las antiguas instalaciones y lo mejor es que esta vez no compartiré la oficina sino que tendré mi propio consultorio, cosa que me tiene muy feliz! Siempre quise tener un espacio propio que pudiera adaptar a mis necesidades, decorar a mi gusto y adecuar con lo necesario para mis terapias y por fin lo tendré! El médico, que es el dueño de la propiedad, me dejó elegir el consultorio que yo quisiera. Elegí el espacio más pequeño porque es el mejor iluminado y no se calienta tanto como mi antigua oficina. El doctor por su parte, instaló su oficina y consultorio en lo que era mi antigua oficina. Y el resto de los espacios quedaron temporalmente desocupados, excepto por una situación especial.


El doctor es también pastor de una congregación religiosa (a la que yo no pertenezco). Dentro de su congregación suceden a veces, situaciones donde la gente recurre a él como una especie de “salvador”. Así funcionan las religiones, supongo.


Sucede que hay una familia que está pasando por un proceso de separación de los padres. Ignoro por qué razón, la madre y los hijos tuvieron que dejar su casa y recurrieron al doctor/pastor, quien les dio alojamiento en la oficina primero y en la clínica ahora. Llevan una semana viviendo ahí, pero yo no había ido hasta hoy.


Lo primero que debo decir es que es evidente el sentimiento de tristeza que transmiten. Son muy amables y serviciales y me ayudaron de buena gana a acomodar los muebles de mi consultorio e incluso la mamá me lavó el piso hasta que quedó desmanchado como yo lo quería. Pero aunque sonríen, se ven tristes. Creo que se sienten como refugiados y eso lo proyectan. Y lo segundo, que me pareció muy triste, fue que me di cuenta de que están durmiendo en el piso.


Es curioso, uno escucha todo el tiempo en las noticias historias de gente en condiciones de pobreza o con necesidades materiales importantes, etc. Nada menos, el tema del momento los miles de niños muriendo de hambre en Somalia. Y uno (al menos yo) lo percibe triste, pero lejano. Luego, en la calle ve gente sin hogar, o en mi caso, por ejemplo, todos los días en mi camino al kínder me encontraba indocumentados a la orilla de las vías del tren. Y me daba pena y les daba algunas monedas y pensaba en que la pasan mal, pero luego de un rato me olvidaba del caso.


Esta noche no. Estoy aquí, en mi cama, cómodamente viendo tv por cable, con internet a mi disposición y café caliente a mi lado y me siento afligida por esa familia que, para ser realistas tampoco la está pasando TAN mal. Es decir, no tienen casa pero afortunadamente tienen quien les ofreciera un techo. Están seguros. Tienen una cocineta a su disposición. No hay gas, así que deben estarse bañando con agua fría o calentada con resistencias –lo ignoro-, pero hay agua potable. Un refrigerador, un horno de microondas, una televisión. No sé. Dicho así no parece ninguna tragedia. Y sin embargo, la tristeza en su cara me mantiene agobiada.


No sé que habrá pasado como para que hayan tenido que dejar su casa. No sé si podrán recuperar sus pertenencias o tendrán sólo la ropa que sacaron en cajas de cartón. Gracias a Dios no es invierno y al menos tienen suficientes cobijas. No sé cuánto tiempo vayan a estar ahí, aunque sé que su situación ha hecho que el pastor concientice en las necesidades de su congregación y me ha dicho que probablemente debamos considerar adecuar esos cuartos como albergue para cuando se presenten este tipo de casos. Por mi está bien. Afortunadamente las instalaciones se prestan para todo ello sin que interfiramos en funciones, creo.


Pero ¿van a dormir en el piso? No es suficientemente deprimente SABER tu situación como para que el ambiente te la recuerde?


Yo, estuve incómoda por meses, trabajando en las instalaciones de la oficina del doctor, porque aunque no tenían nada de malo, eran simplemente inapropiadas. Todo el tiempo tenía la sensación de estar “de prestado”, si tenía la necesidad de cambiar de lugar algo, me sentía como abusiva y temía que se molestara, aunque él siempre ha sido muy amable y jamás hemos tenido una diferencia en 5 años de trabajar juntos. Pero no sé, su escritorio, su librero, sus cosas! Eso no era mi espacio y yo lo percibía y sé que mis pacientes también. Por ello pienso; si para mí era incómodo estar en un lugar ajeno, o sentir que el ambiente constantemente te recuerda que no es tuyo, ¿cómo será vivir en esas condiciones? Y peor aún, vivir en un lugar ajeno, habitable, no denigrante, pero con carencias como la básica; una cama!


Si yo pudiera, les compraría una cama. Pero no puedo. No puedo ni comprar muebles para mi consultorio nuevo, aún. Para empezar estaré trabajando con el mobiliario prestado que el doctor me consiguió. Pero está bien para comenzar. Al menos, ya es mi espacio!


Y pensé que aunque tengo pocos lectores, creo firmemente que el mundo es un pañuelo y que tal vez alguien que me lea tiene por ahí una cama arrumbada en su azotea o en un cuarto de triques. O tal vez un sofá cama que ya no usa, o yo que sé. No sé si es un mal plan, tal vez me saldría más caro transportarlo que comprar uno, pero no pierdo nada con intentar: Alguien tiene una cama que quiera donar para este incipiente albergue?

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