Infelices por elección?


Cuando me acercaba al final de mi carrera y tenía que ir decidiendo a que área quería dedicarme, decidí que quería ser psicóloga en el área de la salud porque consideré que era un área donde las personas verdaderamente necesitaban mi apoyo. En aquel momento yo consideraba que las personas que iban a consulta en el área clínica tenían problemas “light”, el tipo de cosas que uno humanamente puede resolver. Divorcios, depresiones, problemas de pareja, estrés… cosas con las que la humanidad ha lidiado por años y que son consecuencia de nuestros propios errores, nuestra mala toma de decisiones, etc. Cosas que –pensaba yo- se resuelven hablando con la mejor amiga, con el sacerdote, con el cantinero, etc. Claro que se resolverían más efectivamente con la ayuda de un psicólogo, pero de no intervenir, no pasaba nada.

Por eso decidí trabajar en hospitales. Con niños, sobre todo. Consideraba que los problemas de ellos eran “verdaderos problemas”. Personas que tienen que lidiar con algo que no buscaron, que no provocaron, que probablemente no entienden y ante lo que además tienen poco o nada que hacer.

Trabajé 3 años en el área de la salud. Es agotador. Es muy, muy reconfortante, pero también es muy agotador. Creo que nunca di una alta. En ese ambiente la terapia concluye porque el paciente muere o en el mejor de los casos se va a su casa por el alta médica, independientemente de que tenga solucionada o no, la situación emocional. Con frecuencia me sentía más ayudándolos a bien-morir que ayudándolos a bien-vivir.

Y a pesar de todo, extraño ese trabajo.

Y ahora me dedico a la clínica. Y también me gusta. Tenía subestimada el área de oportunidad de esa área. En cantidad he tenido menos pacientes en los 2 años trabajando en consultorio que cuando atendía pacientes hospitalizados, pero he dado muchísimas altas! He podido sentir que verdaderamente hice el cambio en la vida de alguien (Y cuando digo ‘hice el cambio’, lo digo sólo por presumida, porque sé que sólo soy el factor de apoyo, el verdadero cambio lo hacen ellos y de ellos depende el éxito de la terapia).

Me gusta el área clínica y me gusta cuando puedo mostrarle a alguien que sus problemas tienen solución o que ni son para tanto, que sólo están viendo el vaso medio vacío, que están abrazando el árbol, que son como los ciegos que tocaron el elefante, etc. En fin una de esas muchas analogías que utilizo al dar terapia porque así hablo yo.

Lo que si debo confesar, sigo sin entender y sin saber manejar, es la gente que ni siquiera tiene problemas. La gente que insiste en ver el vaso medio vacío a pesar de tener una jarra rebosante. La gente que de alguna manera prefiere tener pretextos para sentirse miserable. La gente que podría estar disfrutando de lo bueno que tienen ahora porque no saben si siempre lo tendrán. La gente que da por hecho lo que tiene. La gente que no aprovecha, que no disfruta, que no exprime lo que tiene! La gente que insiste en ser tóxica y lastimar a quienes los rodean y los quieren ver felices.

La gente que tiene gente que la ama y no se dejan amar, a esos sí que no los entiendo. (Ahí me sale lo asesina psicópata y los veo como donadores.potenciales.de.órganos.desaprovechados) Y trabajar con ellos es incluso más agotador que los hospitalizados y mucho menos gratificante. Pareciera que están cómodos en una zona de tormentos auto infligidos y tormentas auto inventadas, y que no importa que el resto del mundo los invite a dar el salto al lado bonito, ellos prefieren estar ahí. Tienen motivos para estar bien pero ellos prefieren, eligen, tener pretextos para estar mal. Y yo, no entiendo por qué.

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